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sábado, 23 de enero de 2010

24. "LA MUERTE DE UN ÁNGEL" 1983 pag.56

Así se titula el capítulo...
Le pedí permiso para reproducirlo aquí, y me dijo que "los sentimientos no debemos ocultarlos". Qué él era como era gracias a las experiencias vividas... por lo que en ésta ocasión voy a respetar los nombres que él da...
Con alegría y tristeza leí una y otra vez aquella parte de su vida, mientras litros de lágrimas brotaban por mis mejillas hasta sentir arder mi piel...


"... Jose Antonio Riquelme era un chico cordobés de 14 años. Aparentemente era extrovertido, aunque parecía buscar el apoyo y cariño de la gente, quizás por eso, José percibía un tímido pero inocente acercamiento hacia él. La separación de sus padres le hacía más afectivo y cariñoso con todo el mundo. Quizás buscando un lugar dentro del grupo.

Le gustaba dibujar caricaturas. Todos querían una. José se sentaba frente a él y solía pedirle alguna para pintar las cartas que mandaba a su familia. José escribía en el sobre por detrás “corre corre cartero que es para la persona que yo mas quiero” y Jose Antonio le dibujaba un candado o una cremallera por la parte del cierre del sobre. Cosa que aprendió con el tiempo y comenzó a practicar.

Tenia otra habilidad para realizar piruetas y saltos en el aire, con lo que se ganó el apodo de “saltimbanqui”. En el patio del patronato, tomaba carrerilla y daba un salto mortal hacia delante, para caer con los pies juntos, frente a la atenta mirada del publico expectante que le otorgaba un efusivo aplauso de aprobación.

Habían transcurrido apenas unas semanas desde el comienzo del curso. Aquel domingo le pidió las zapatillas a Javi, ya que el día anterior había estado en la playa por la parte de las rocas y tenía las suyas mojadas. Iba a ir con algún compañero por la ladera del monte Buciero a hacer senderismo al fuerte de San Carlos y al faro del caballo cerca de los acantilados.

Aquel era un día soleado con pocas nubes. La humedad estaba permanentemente como en cualquier punto de la costa de la cornisa cantábrica. Aquel día, Jose Antonio se encontraba con un amigo en el Fuerte de San Carlos. Con propósito de demostrar su habilidad, una vez más, se confió, tomo carrerilla y saltó. Seguramente pensó caer sobre el ancho alfeizar de la ancha ventana de granito del fuerte. Quizás detrás del ventanal esperaba encontrar firme. Sin embargo, no había nada, y tampoco pudo agarrarse. Sea como fuere atravesó la ventana y se precipitó al vacío en una caída de unos 300 metros, desapareciendo para siempre de sus vidas en su último gran salto.

José se encontraba de regreso al patronato cuando comenzó a correr la noticia de que un chico llamado Riquelme había caído por el acantilado en un grave accidente. Habían transcurrido dos meses desde que llegaron al patronato, aun no se conocían bien entre ellos, pero pudo acordarse de su compañero que se sentaba detrás de él en clase.

José fue corriendo, junto con los soldados que hacían el servicio militar en el patronato, al rompeolas, justo frente al colegio. Expectante, pudo ver una lancha de la cruz roja escoltada por una patrullera de la Guardia Civil que iba rumbo a puerto.

Los buzos de la guardia civil tuvieron que sacarle atrapado en las rocas por debajo del nivel del agua.

A José le embargo un dolor interior ya que se temía lo peor. Pareció nublarse el dia a pesar de que era soleado. José se mostró decaído y moralmente agotado. Con sus catorce años no era aun consciente del dolor que suponía perder a un ser querido y el vacío de quien te ha dejado huella. Como Jose Antonio lo había hecho. Entonces: ¿Por qué Dios no le había salvado durante la caída? ¿Porque había sido a aquel chico?

Alguien recordó que entre sus bocetos y caricaturas apareció un esqueleto sosteniendo la guadaña que representaba a la muerte como si fuera un presagio de lo que iba a suceder.
Llevaron el cadáver al dormitorio para arreglarle y vestirlo con el uniforme del colegio: americana, pantalón gris con camisa blanca y corbata negra.

Aquel sentimiento de duelo recorrió a todos y cada uno de sus compañeros, celadores y personal que, directa o indirectamente trabajaba en el colegio, por aquel terrible accidente. Semblantes adustos, cabizbajos, mutismo absoluto. El Chon tartamudeaba rezando el padrenuestro en el comedor. No termino la oración porque rompió a llorar. Ese día, el silencio invadió el comedor, nadie tenia apetito.

Por la tarde llego su padre; herido,… compungido. A la hora apareció la madre. No se miraron. Hubo un cruce de palabras e inculpaciones de ella hacia él. ¿Porque le internaste? Esto no hubiera pasado si no estuviera aquí en el colegio, etc...

Por la noche, se asignaron horarios y relevos para custodia y velatorio del cuerpo de Jose Antonio. José se ofreció y le tocó medianoche. No debía dormir ya que debía velar a su amigo, al que en ocasiones había pedido algún favor. El agotamiento psíquico después de lo ocurrido ese día y el cansancio hicieron que José no aguantara y se durmiera. Era medianoche, alguien le avisó para que fuera a relevarle y José se vistió con el uniforme. Se dirigió hacia el pabellón de invitados y entró en la habitación donde estaba el velatorio.

Tenia puesto el uniforme de “pingüino”. Su inexpresión y deformidad denotaban la violencia de la caída. Alguna parte maquillada de la cara dejaba ver zonas enrojecidas y amoratadas. José recordaba su sonrisa y jovialidad. A pesar de atravesar un mal momento en su familia, se había ganado la confianza y simpatía de sus compañeros. Siempre estuvo lleno de vida y alegría.

José permanecía firme junto a la puerta. Los familiares estaban sentados a ambos lados
del féretro. El padre se acercó e intento acariciarle desde el cristal. Recorrió el ataúd por los dos costados observando la inexpresión de su hijo. Viendo su cara con los ojos abiertos,
como en vida.

José se encontraba angustiado ante aquella situación. Le faltaban fuerzas para sostenerse por lo que estaba presenciando. Se desvanecía de pie. Pero quería mantenerse bien por su amigo.

Su padre se puso la mano sobre la barbilla, miro fríamente la cara de su hijo nuevamente, imaginándole todavía vivo. Con suma frialdad, sin pestañear, sin derramar una lagrima. Recorriendo varias horas el ataúd.

Dos chicas de servicio tuvieron que coger en brazos a José ya que se estaba desmayando. Deseando que aquello que había vivido fuera un sueño y no real; se durmió.

A la mañana siguiente estaban todos los alumnos uniformados despidiéndose del compañero fallecido tras la misa funeral y dando un ultimo adiós en el interior de la capilla. Salio llevado a hombros por sus compañeros y amigos mientras sus padres abrazaban a todos los chicos incluyendo a José, al que le embargaba la emoción y el dolor.

De fondo sonaba como despedida, Nessun Dorma Turandot (obra teatral escrita en 1923 de Puccini), canción que hizo suya Pavarotti. Aquella melodía recordaba José cuando Leoncio y Cancho la ponían en el cine de Quintana durante la espera mientras preparaban los rollos de las películas los domingos. Abstraído por aquella sinfonía que escucho por primera vez a la edad de 9 años en el año 1978, recordaba la imagen de la lancha con el cuerpo inerte de Jose Antonio, su compañero y amigo, mientras navegaba lentamente hacia puerto.

Firmaron todos los chicos del Patronato en el libro de honor con el mas sincero pésame y cariño. Tenia solo 14 años. Toda una vida por delante.

Desde entonces José dejo de creer...si es que alguna vez creyó… en Dios.
."


No he podido dejar de llorar, ni de escuchar el Nessum Dorma de Puccini, reviviendo cada uno de los momentos descritos por José... Veintisiete años más tarde, empiezo a ser capaz de poner imágenes a lo que pasó. Y aunque muchas de esas lágrimas encierran tristeza y dolor, hay algo de alegría en ellas... Gracias, querido amigo...

4 comentarios:

Anónimo dijo...

El suceso esta muy claro y muy bien redactado.
Lo que no esta claro es como sabe que murio dando un salto. Pudo haber tnido un accidente caminando o escalando.
Otra incognita. Si alguien iba con el pq no cuenta o informa exactamente que ocurrio?.
El recorte de prensa nada mas dice que se despeño, no especifica detalles de como ocurrio.
Lo sabra el amigo que iba con el?

Manolo dijo...

Copia y pega para ver desde Internet Explorer donde se sucedieron los hechos:

http://www.google.com/maps/ms?ie=UTF8&hl=es&msa=0&msid=103025280794900007740.00047e24956b780be4d0b&ll=43.438368,-3.43267&spn=0.014677,0.027509&t=h&z=15

Anónimo dijo...

Gracias, pena que no se vea de más cerca... Quizás con google earth...

Anónimo dijo...

Es porque el Google Earth, captura el mapa de Google Maps. En realidad es el mismo. Es mejor verlo en el propio lugar.